SITUACIÓN EXCEPCIONAL COVID-19 – SEGUIMOS TRABAJANDO POR Y PARA VOSOTROS

Llevamos más de seis meses peleando contra el SARS-CoV2 y parece que se resiste a dejarnos. La ansiada normalidad no acaba de llegar, entre otras cosas porque, debemos reconocer, como sociedad no hemos hecho las cosas como debíamos.

En los últimos días la situación se ha exacerbado y eso ha obligado a las autoridades a endurecer las medidas restrictivas para tratar de controlar la expansión del virus y rebajar la velocidad de trasmisión a niveles de tolerancia.

Desde el pasado 11 de mayo, fecha en que nos dieron luz, hemos mantenido una actividad de forma ininterrumpida y, afortunadamente, sin que se hayan reportado contagios en el equipo ni entre los pacientes. Eso no quiere decir que debamos relajarnos, más bien todo lo contrario, debemos seguir insistiendo y mantener una extrema prudencia para garantizar la seguridad de nuestros pacientes y la de todo el personal.

Mantenemos una estrategia de control a cuatro niveles:

  • Control del riesgo sobre el espacio físico: limpieza y desinfección intensificada de la consulta.
  • Control del riesgo sobre el personal: todo nuestro personal ha sido testado y cumple con las más estrictas medidas de protección para garantizar su seguridad y la tuya.
  • Control del riesgo sobre los pacientes: tomaremos las medidas de protección necesarias para garantizar tu seguridad.
  • Por descontado, hemos adaptado nuestros protocolos prequirúrgicos para dar riguroso cumplimiento a las recomendaciones dictadas por las autoridades sanitarias.

Hemos reforzado, dado el incremento de la demanda, nuestro circuito de visitas telemáticas; podemos atenderte por videoconferencia con mucha más agilidad que antes y sin que tengas que desplazarte ni salir de casa. La telemedicina ha venido a quedarse y TRIVIÑO, Cirugía Plástica y Estética, no se queda atrás.

Seguimos, por tanto, a tu disposición, desde casa o en la consulta (con todas las garantías); tú decides, sólo tienes que contactar con nosotros por los medios habituales:

  • Por whatsapp: escribiendo al +34 676 04 65 31
  • Por teléfono, llamando al +34 938 55 31 68
  • Enviándonos un correo a info@drtrivino.com
  • Escribiendo en el formulario que encontrarás en la web

La labor de todos y cada uno es fundamental. Sea cual sea la responsabilidad que nos ha tocado asumir, debemos seguir peleando, cada día es un día más. Estamos seguros de que este periodo excepcional finalizará, poco a poco seguimos avanzando. No desistas, sigue luchando.

En nuestro deseo de dártelo pronto en persona, desde aquí, te mandamos un fuerte y virtual abrazo.

Dr. José María Triviño

firma
Este Sitio Web utiliza cookies propias y de terceros con la finalidad de permitir su navegación y realizar tareas de análisis. El acceso y uso del Sitio Web implica su aceptación. Para más información, puede acceder a nuestra política de cookies.

Mastopexia

mastopexia-doctor-trivino.jpg

La Mastopexia

Hoy hablaremos de la mastopexia, elevación mamaria o lifting mamario, como queráis llamarla, pero vamos a intentar darle un cierto giro. Me explico: no vamos a hablar de qué es la mastopexia, la cirugía con la que que buscamos elevar la mama, esto ya lo sabéis y está más que explicado en varios post, incluido en nuestro propio blog

Lo que pretendo es, por decirlo así, deconstruir la mastopexia, para intentar transmitiros cómo entiendo yo la mastopexia y por qué la hago como la hago. No pretendo hablaros de la técnica en cuestión, en qué consiste o en qué se basa; esto ya se ha explicado. Quiero daros mi visión particular sobre esta cirugía que tanto me gusta.

¿Qué entendemos por mastopexia, lifting o elevación mamaria?

Como en todo en la vida, vamos a empezar por el principio, por el fundamento de la cirugía, por los cimientos. En términos quirúrgicos diremos que la mastopexia o elevación mamaria, es aquella cirugía que pretende elevar la mama y, por tanto, restaurar la anatomía perdida en el busto. Queremos recuperar la arquitectura natural que esa mama ha ido perdiendo por diferentes causas: por su elevado peso, por las fluctuaciones de peso, por los embarazos o por un desarrollo explosivo de la misma durante la etapa puberal que ha provocado que, ya desde su origen muestre un aspecto caído, por la lactancia, por poner algún ejemplo.

Por lo tanto, en sentido amplio, podemos concluir que, sea cual sea su causa, queremos recuperar la posición de un pecho caído. Fijaos en que, hasta ahora, no he hablado del volumen, no entro en si el pecho es pequeño, mediano, grande o superlativo… hablo de pecho caído, sin más. La pexia, mastopexia, elevación o lifting mamario (como prefiráis) no entiende de volumen, entiende de posición, de levantar la mama hasta su posición y arquitectura anatómica ideal.

Tema aparte es si, junto a la elevación de la mama, queremos mantener, aumentar o disminuir el volumen. No pretendo liaros pero, en términos quirúrgicos correctos, deberíamos hablar de mastopexia de aumento cuando el objetivo es elevar el pecho y aumentar su volumen; mastopexia, a secas, si queremos mantener su tamaño y mastopexia de reducción si lo que pretendemos es reducirlo. La simplificación terminológica nos lleva a hablar de mastopexia en los dos primeros supuestos y de reducción en el tercero de ellos; pero siempre, siempre, vamos a elevar el pecho caído.

Básicamente, lo primero que tenemos que entender, es que la mastopexia es el procedimiento quirúrgico con el que pretendemos levantar un pecho caído.

Finalidad de la mastopexia

Ante cualquier procedimiento quirúrgico, tenemos que responder a ¿qué es lo que vamos a realizar? ¿Cuál es el objetivo último de la cirugía? En el caso concreto de una mastopexia no hay uno, sino tres objetivos que debemos alcanzar::

1.- Restaurar la posición de la mama, elevar el pecho.

2.- Alcanzar una correcta distribución del volumen de la mama. Ya sea igualando, aumentando o disminuyendo el tamaño, lo que queremos es restaurar la distribución armónica de su volumen para, con ello, recuperar la forma natural. La mama puede estar en su sitio pero no tener una forma correcta.

3.- Dar estabilidad a la mama. Tras la cirugía, pretendemos que el resultado sea duradero, queremos que la mama envejezca a un ritmo natural (o algo menor); no sirve de nada tener el pecho “bien puesto” y bonito si no dura el tiempo suficiente para ser lucido y “disfrutado”.

Este último punto es, bajo mi forma de entender la cirugía, muy importante. Una mama caída, ptósica según nuestro argot, es una mama que ha envejecido a un ritmo más acelerado del que hubiera sido deseable para esa paciente en cuestión; es una mama “envejecida”.  Por lo tanto el objetivo de la pexia no es sólo restaurar la posición y anatomía de esa mama, es también conseguir que envejezca a un ritmo menor del que hasta la fecha se ha producido, ralentizar su ritmo de “envejecimiento”.

Estos son los tres pilares sobre los que basar nuestra estrategia quirúrgica. Para conseguir nuestros objetivos, debemos analizar con cuidado las circunstancias individuales del pecho y encontrar el punto de equilibrio. Sobretodo teniendo en cuenta que hay ciertos elementos del pecho que poseen unas características o cualidades difícilmente modificables, que no van a cambiar con la cirugía; me refiero, p.e., a la elasticidad de la piel o la resistencia de los tejidos. En definitiva, vamos a tener en cuenta esas cuestiones para tratar de compensarlas o contrarrestarlas, consiguiendo así nuestro propósito de alcanzar posición, anatomía y estabilidad evolutiva.

Elementos a contemplar antes de realizar una mastopexia o pexia

La primera pregunta que debemos contestar ante cualquier situación que queramos resolver es: ¿cómo o por qué hemos llegado aquí? Ante un pecho caído, las respuestas a esa pregunta, como hemos indicado anteriormente,  pueden ser múltiples: embarazo, aumentos y disminuciones de peso, envejecimiento, pérdida de calidad de los tejidos, etc. Muchas posibles causas, pero todas ellas coinciden en una misma variable, sea cual sea la causa, se ha producido un desequilibrio entre el peso de la mama y la resistencia de las estructuras que deben soportarlo; como es lógico, esa situación ha desencadenado el descolgamiento del busto.

Qué ha producido ese desequilibrio es una cuestión particular en cada paciente, pero la constante es que los tejidos no han soportado como deberían; esa es la clave que debemos controlar.  Identificada la variable débil, por decirlo así, debemos analizar las estrategias con que contamos para restaurar el equilibrio perdido.

Muy importante: la mastopexia, como tal, no restaura las propiedades de los tejidos; aquellas estructuras que han perdido resistencia no la van a recuperar como resultado de la intervención. Como decíamos, nuestro objetivo no es sólo restaurar la posición y distribución de volúmenes de la mama, también debemos buscar la manera estabilizar el resultado postquirúrgico. Entonces, ¿cómo conseguimos que la mama se mantenga estable, si los tejidos no aguantan su propio peso? Esa es una de las preguntas más importantes que responderemos dentro de unas líneas.

Deconstruimos la mastopexia: Tres objetivos a cumplir, una debilidad a compensar.

  • Restaurar la posición de la mama 

  • Recuperar la distribución anatómica y estética de los volúmenes de la mama

  • Dar estabilidad al resultado: Tenemos unos tejidos débiles, que lo van a seguir siendo tras la cirugía, debemos buscar la estrategia que nos permita contrarrestar esa circunstancia para asegurar un envejecimiento más lento y un resultado duradero.

¿Vemos cómo?

El talón de Aquiles de la mastopexia: ¿cómo gestionamos la pérdida de resistencia de los tejidos?

Existen tantos planteamientos quirúrgicos como posibles pacientes, por lo tanto existen infinidad de variables que debemos tener en cuenta y que pueden condicionar nuestra estrategia: pacientes que piden prótesis, pacientes que no la quieren (por lo menos de entrada), otros casos que desean grandes pechos, otras que buscan pecho cómodo, mujeres jóvenes, que no han sido madres, muchas ya intervenidas... En definitiva, hay múltiples casos, pero vamos a intentar concretar y plantear un escenario genérico; intentaré simplificar tanto como puede.

Lo primero es analizar cada una de las estructuras, las que forman la mama, las que están en su entorno próximo y las que no lo están tanto; con ello haremos un análisis global de la estructura, de la anatomía y de la proporcionalidad de la paciente.

A partir de aquí, aunque sea de forma conceptual, dividimos la cirugía en dos partes:

1.- En una primera etapa realizaremos la mastopexia como tal; vamos a reposicionar anatómicamente la mama y, como decíamos, restaurar la distribución de sus volúmenes. Vamos a conseguir que esa mama caída, descolgada o desubicada, pase a estar bien posicionada y presente una anatomía óptima y bonita.. Esta maniobra, la pexia en sí misma, es la que condiciona el patrón cicatricial. La cicatriz necesaria para elevar el pecho no es “capricho” quirúrgico, lejos de eso, viene determinada por el grado de caída y la elasticidad cutánea; a mayor descolgamiento, mayor cicatriz.

Ese patrón nos permite desplazar la tensión hacia arriba y, con ello, reubicar la mama. Para hacernos una idea, sería como si cojemos una naranja, le quitamos uno o dos gajos y volvemos a cerrar esa naranja; si hacéis eso mentalmente, os daréis cuenta de que estamos generando tensión en la parte baja y desplazando volumen hacia arriba. Esa es, en esencia, la mastopexia o elevación mamaria.

2.- En una segunda etapa, consiste en buscar esa estabilidad. Tenemos en nuestra mano la capacidad de equilibrar ese balance entre peso y capacidad de soporte. Mientras realizamos la resección de tejido mamario, podemos tomar la decisión de eliminar más o menos peso y controlar así la futura caída de la mama, podemos gestionar la descarga de peso.

La pexia tradicional no elimina tejido mamario, elimina piel. Reseca un patrón cutáneo que condiciona una herida que, al cerrarla, genera tensión en el polo inferior y desplaza el volumen mamario hacia arriba. El problema es que este procedimiento simplemente restaura la posición de la mama, pero no compensa la falta de resistencia de los tejidos, por lo que, con el tiempo, la situación, de algún modo, volverá a repetirse. La conclusión es que la estabilidad de dicha reconstrucción será menor. 

Para compensar esa debilidad, se utilizan recursos como la fijación de parte del tejido mamario mediante la sutura a planos más profundos (como el pectoral). Esas maniobras funcionan, pero sólo consiguen ralentizar el escenario previsto, el tejido mamario, fijado o no, es muy cambiante; los estímulos hormonales, las oscilaciones de peso y/o el propio envejecimiento siguen causando estragos en unos tejidos débiles.

Analizando todo lo expuesto, llegamos a la conclusión de que lo que tenemos que hacer es reducir el peso que los tejidos soportan, estabilizar el tejido mamario y minimizar los posibles “cambios” del conjunto global; tenemos que disminuir el estrés sobre la piel. No podemos dar por cierto que, por el simple hecho de haber fruncido un tejido, éste tenga más resistencia. 

Por resumirlo, vamos a reducir la glándula en la medida en que podamos hacerlo manteniendo la entidad mamaria, el protagonismo y la belleza de la mama propia, y utilizaremos la prótesis como unidad estable, en términos de envejecimiento, que colocaremos en un plano retromuscular completo, de esa forma el pectoral será el que se encargue de aguantar su peso. 

Si unificamos las dos etapas en un único procedimiento: Eliminamos una cierta cantidad de volumen mamario (esos gajos de la naranja), con ello descargamos el peso que la piel debe soportar; seguidamente restauraremos parte, todo o incluso más mediante una prótesis colocada completamente por debajo del pectoral (en concreto, la fascia pectoral) ya que tiene mucha capacidad de soportar peso y se encargará de ello. Es aquí donde radica la esencia del procedimiento, en la utilización de un implante, no como elemento para aportar volumen, sino como estabilizador el conjunto global.

Gracias a este procedimiento, teniendo un resultado inicial exactamente igual al que hubiéramos tenido si no hubiéramos utilizado un implante (es importante tener claro este punto) vamos a conseguir una mama mucho más estable. La mama va a tener un envejecimiento mucho más lento, dado que hemos descargado peso a esa estructura que no tiene capacidad de soportarlo y lo hemos compensado con un implante, mucho más estático (ni envejece  ni engorda ni está sujeto a estímulos hormonales), que, además, estará sujeto por el pectoral, una estructura con grandes capacidades para soportar peso. El resultado es, por tanto, una mayor estabilidad global.

Este sería el gran “quid” de la mastopexia.

La paciente

Es curioso porque muchas de las pacientes que acuden a la consulta preguntando por una pexia, sin intención de aumentar el tamaño del pecho, se extrañan en el momento en que planteo la opción del implante; es lógico porque no es algo que, de entrada, se presentara en sus esquemas. Muchas no venían con intención de ponerse prótesis o le tienen miedo al implante o no acaban de verlo claro porque consideran que va a quedar menos natural, que va a caer más, que va a representar más volumen…, pero nada más lejos de la realidad. 

Al final, lo que queremos conseguir con el implante es estabilizar, no voluminizar. Sustituir un volumen dinámico, susceptible de deteriorarse, por un volumen mucho más estable y soportado por estructuras con mucha más capacidad.

No obstante, es muy importante concretar que el resultado potencial post-qirúrgico va a ser el mismo (obviando lógicamente los casos en que la paciente quiera más volumen). Podemos decir que, si realizáramos una pexia con implante en un lado y sin él en la otra, la paciente no debería poder decir en qué mama está el implante, por lo menos valorando el resultado; la diferencia la veremos transcurridos unos años, cuando la mama sin implante muestre un mayor “deterioro” del resultado. Esta cuestión es muy relevante, dado que, insisto, no se trata de que el resultado sea mejor ni peor, es sencillamente, más estable.

Personalmente, huyendo de la generalización, pero por marcar unas líneas orientativas, puedo decir que:

  • Recomiendo encarecidamente la pexia con implantes en paciente de menos de 50-55 años.

  • Hasta los 65 años, si la mama es blanda recomiendo implantes aunque, comparando los casos con la pacientes de menor edad, estos implantes son de menor tamaño; si la mama es densa el planteamiento sin implantes es una opción muy razonable ya que la consistencia del tejido mamario va a hacer que el resultado dure un poco más.

  • A partir de los 65 años el uso de implantes es excepcional, aunque he decir que hoy en día cualquier planteamiento es posible.

Resumen

He intentado desgranaros el porqué de la pexia según yo la entiendo. Manteniendo los mismos objetivos de siempre, los de una mama natural: 

  • Volumen coherente, equilibrado, proporcionado,,,

  • Un absoluto respeto por la anatomía mamaria.

  • Una mama viva, con movimiento y capaz de envejecer. Sí, la mama debe poder envejecer,  pero no más rápido, si puede ser, más lentamente. Queremos que envejezca a un ritmo razonablemente lento, aportando todos los mecanismos que nos permita controlarlo.

Pero, como siempre os digo, cada caso es un mundo, deben analizarse las característica de cada una de vosotras. Con este post he intentado explicaros un poquito el porqué, trasladaros mi forma de entender la mastopexia o elevación de mama y acercaros un pasito más a esta apasionante cirugía. La intención no es otra que la de que tengáis algo más de información que os permita interpretar los mensajes que otros compañeros os pudieran trasladar y que, de esta manera, podáis analizar con mayor rigor la información, sacar conclusiones y formar vuestra propia opinión al respecto. 

Como siempre, encantado de estar por vosotras, de atenderos y, sobre todo, sabed que sin vosotr@s nada sería posible y por ello:

Todo por y para vosotr@s.

Si necesitas más información ponte en contacto conmigo, estaré encantado de aclararte cualquier duda.

Doctor Jose Maria Triviño.

0 comentarios


Escribe un comentario



Compartir este artículo: